El Jeep Cherokee del 2026 regresa tras un par de años de ausencia con un rediseño completo, un nuevo tren motriz híbrido y la promesa de 37 mpg combinados y más espacio interior, pero sigue arrastrando el mismo gran signo de interrogación de siempre: la confiabilidad de Jeep.
Sobre el papel suena perfecto, SUV híbrida, eficiente, “capaz” y con más tecnología para competir con Toyota RAV4 y Honda CR‑V, pero la historia reciente de la marca con software, electrónica e híbridos complejos invita a tomar este regreso con mucha cautela.
Estilos 
El Jeep Cherokee del 2026 se ofrece en múltiples modelos. Jeep habla de al menos tres: base, Altitude y Limited.
Además de posibles variantes más enfocadas al off‑road, todas con el mismo tren motriz híbrido y tracción en las cuatro ruedas de serie.
Tren de potencia
El Cherokee abandona los viejos 4 cilindros 2.4 y V6 para montar un sistema híbrido específico para este modelo, que combina un motor de gasolina turbo con un sistema eléctrico para lograr alrededor de 37 mpg combinados y más de 500 millas de autonomía con un solo tanque, según Jeep.
Estilo interior
Por dentro, el nuevo Cherokee copia mucho del lenguaje del Wagoneer S: tablero recto, pantallas integradas y un estilo que, a primera vista, parece bastante moderno y agradable. Tiene buenos materiales y espacio suficiente para adultos tanto delante como atrás, aunque también algunos mandos ya se sienten baratos incluso en unidades pre‑producción, y la consola central es tan ancha que molesta a quien le gusta ir con las piernas algo abiertas.
Más preocupante aún, viniendo de Jeep, es que esa buena primera impresión de materiales puede no ir de la mano con la durabilidad: no hay que irse muy lejos para encontrar reportes de Grand Cherokee con crujidos, plásticos que se aflojan, filtraciones de agua y hasta cinturones que dejan de abrochar a los pocos miles de millas.
Si el Cherokee comparte proveedores, lógica de armado o módulos interiores, es razonable temer que esta “buena calidad inicial” se degrade rápido, sobre todo en climas extremos.
Tecnología
El Cherokee nuevo llega cargado de pantallas, con un diseño interior “inspirado en EV” y un sistema de info-entretenimiento moderno con gráficos vistosos, modos de conducción, pantallas específicas para el híbrido y conectividad completa.
El problema es que Uconnect (y sus variantes) lleva años siendo protagonista de quejas: pantallas que se congelan, mapas que desaparecen, audio que se apaga solo, reinicios aleatorios y actualizaciones OTA que tardan una eternidad o rompen algo mientras arreglan otra cosa.
Cuando todo funciona, la experiencia tecnológica puede ser buena: compatibilidad con Apple CarPlay y Android Auto, vistas del sistema Selec‑Terrain, pantalla grande y una sensación de estar a la altura del 2026. Pero si miras el historial reciente de la marca, no es descabellado pensar que esa tecnología puede convertirse fácilmente en la principal fuente de frustraciones: luces de error sin explicación, sensores de ADAS que se desactivan solos y la clásica solución de “desconecta la batería y vuelve a conectar” que ningún cliente que paga más de 30 mil dólares debería escuchar.
Seguridad
En teoría, el nuevo Cherokee debería llegar con todo el arsenal de ayudas: frenado automático de emergencia, control crucero adaptado, mantenimiento de carril, monitor de punto ciego, cámaras 360 y gestión de tracción Selec‑Terrain con modos Snow, Sport, Sand/Mud y Auto.
La parte preocupante no es el listado en sí, sino cómo se comportan esos sistemas conforme pasan los meses: Consumer Reports lleva años advirtiendo de la fiabilidad irregular de los Jeep, y los Grand Cherokee 4xe ya arrastran un recall grave por pérdida total de potencia debida a errores de software en el módulo híbrido.
En carretera
Las primeras impresiones dinámicas son relativamente buenas: el sistema híbrido tiene buen par a bajas vueltas, el 4×4 actúa como un AWD moderno con desconexión del eje trasero para ahorrar combustible, y el ajuste de suspensión parece cómodo para uso diario, con modos que adaptan respuesta a nieve, lluvia o tierra ligera. Pero, otra vez, el problema no es tanto cómo se conduce en un test drive de 20 minutos, sino qué tan bien aguantan esos componentes con los kilómetros.
Un tren motriz híbrido turbo, con baterías, inversores, software de gestión y un 4×4 “inteligente” es, por definición, un rompecabezas mecánico y electrónico complejo. Si le sumas el historial de Jeep con cajas de cambio delicadas, módulos eléctricos temperamentales y recalls por pérdidas de potencia, no cuesta imaginarse al Cherokee del 2026 repitiendo el patrón: muy agradable cuando es nuevo, muy caro y frustrante cuando algo empieza a fallar fuera de garantía.
Conclusión
El Jeep Cherokee del 2026, sobre el papel, es el mejor Cherokee que se ha hecho: híbrido, eficiente, más espacioso, más tecnológico y con verdadero enfoque global para pelear con RAV4 y CR‑V. Pero el problema es que Jeep no es Toyota ni Honda, y su historial reciente de fiabilidad, sobre todo en sistemas híbridos y electrónicos complejos, hace muy difícil recomendar sin reservas un modelo completamente nuevo, con tren motriz completamente nuevo, de una marca que aún está intentando demostrar que puede dejar atrás años de fallos, recalls y clientes quemados.
Si te seduce el diseño y la promesa de 37 mpg, es indispensable esperar un par de años para ver cómo se comportan las unidades de producción real, cuántos recalls aparecen y qué dicen los primeros propietarios cuando hayan pasado de los 30–40 mil kilómetros.
Hoy, con la información disponible, el Cherokee del 2026 es un “cómpralo bajo tu propio riesgo”: atractivo en ficha técnica, pero con demasiadas banderas rojas potenciales como para ignorarlas, especialmente cuando existen alternativas híbridas probadas y aburridamente confiables como Toyota RAV4 Hybrid, Honda CR‑V Híbrido o incluso el propio Toyota Grand Highlander Híbrido si necesitas más espacio.
Precio: Desde US $35,000
Consumo: 37 MPG combinados



























